LA AMBICIÓN

“Si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo”

Con esta frase Albert Einstein definió lo que era para él la palabra locura. Y es que tratar de obtener metas diferentes sin cambiar los hábitos es cuánto menos imposible. Soy un amante de las citas y la famosa “hasta el infinito y más allá” refleja perfectamente el sentimiento de alguien ambicioso y nada conformista.

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En muchas ocasiones se considera la ambición como algo negativo pero eso ocurre cuando se confunde con la avaricia o la codicia. ¿Qué tiene de malo luchar día tras día CONTIGO MISMO para lograr de superarte en algo que consideras importante? Evidentemente nada. Recalco el CONTIGO MISMO porque ahí está la diferencia. Con avaricia tratamos de obtener bienes o riquezas sin importar los medios (aun pisando a los demás) y con la codicia creamos una perspectiva errónea de las cualidades de un objeto muchas veces producida por un exceso de apego sobre el mismo.

Ser ambicioso no significa nada de eso. Ser ambicioso es querer superar tus propias expectativas, luchar contra las adversidades, confiar en ti mismo más que en nadie, decirte “tú puedes” y no rendirte nunca por muy agotador que parezca el camino.

No debes tener miedo en querer cambiar tus formas. La monotonía del día a día nos hace creer que todo ya está bien como está pero no por eso debes renunciar a lo que realmente anhelas. Hacerlo sería de cobardes. Toca de pies en el suelo, ahora estás aquí y es ahora cuando puedes cambiar. No mañana. No seas conformista porque de serlo llevarás un lastre encima que te impedirá por completo tener éxito en cualquier ámbito de la vida.

Piensa en aquello que siempre has querido hacer. Piensa ahora en todo lo positivo que ello aportará a tu persona una vez lo hayas logrado. Encuentra la motivación en cualquier sitio, conoce gente nueva, haz actividades diferentes… haz lo que el cuerpo te pida. Sea como fuere, motívate.

“Nulla tenaci invia est via” – Para el tenaz no hay camino infranqueable.

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LA OBEDIENCIA A CIEGAS

“¡Señor, sí, señor!”

Seguro que alguna vez te has comportado irracionalmente (según tu parecer, no el mío) sólo porque alguien que creías superior te ha incitado a ello. Sentirse coaccionado en una sociedad autoritaria como la nuestra está a la orden del día. La entrada de hoy trata de explicar el porqué del comportamiento de una gran mayoría de personas cuando éstas se encuentran en situaciones así.

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Stanley Milgram realizó un experimento en el que una figura autoritaria incitaba al participante a aplicar dolorosas descargas eléctricas cada vez mayores sobre una tercera persona cuando ésta respondía incorrectamente a determinadas preguntas. En realidad, las descargas eran totalmente ficticias y quien las “recibía” no era más que un compinche simulando un dolor cada vez más insoportable llegando incluso a suplicar por su vida. El estudio reveló que el 65% de los participantes llegó a aplicar la última y más dolorosa descarga y así dar por finalizado el experimento.

Milgram trató de explicar así el comportamiento humano en épocas como el nazismo donde sus integrantes llegaron a profesar obediencia ciega a los líderes sin cuestionar la moralidad de sus órdenes y someterse a ellas sin muestras aparentes de remordimiento.

Lo curioso del experimento es que muchos se aliviaban cuando la “autoridad” les comunicaba que aquél experimento no tendría consecuencias sobre su persona. Creemos que sentirnos coaccionados por alguien supuestamente superior nos exime de cualquier responsabilidad y/o culpabilidad. De aquí surgió la teoría de la cosificación en la que el individuo realiza los deseos de otra persona y no se considera responsable de sus actos.

El libre sentimiento de culpa despierta el lado más oscuro de la naturaleza humana, por eso es primordial fortalecer nuestra conciencia y creer en nuestra verdad con el fin de evitar que la moral individual de cada uno se vea influenciada por terceros. Tu mundo es sólo el reflejo de lo que eres, si te conviertes en una influencia positiva ten por seguro que tu entorno también lo será.

LA INFERENCIA ARBITRARIA

“Somos lo que pensamos”

Se entiende como inferencia arbitraria a la distorsión cognitiva que se produce cuando sacamos conclusiones erróneas de un juicio por falta de suficientes pruebas. Leído así de primeras parece un poco infumable pero leerlo una segunda vez hará que entiendas de qué hablo. Vamos, hazlo. ¿Ya? Lo que te acaba de suceder es precisamente esto. Has pensado “buff qué tostón” porque no te has parado a analizar y entender el significado de cada palabra. Te has limitado a quedarte con tu primera impresión y has creado una opinión en base a eso.

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El hombre de arriba es el dueño de Playboy y la chica es su mujer. Sí, están (o estaban) casados. Quién sabe, a lo mejor la chica está locamente enamorada de su… de su… personalidad. Debe sentirse querida y protegida por él como en el paleolítico lo estaba la hembra por el macho alfa de la tribu. Él imagino que estará enamorado de su inteligencia y no de sus curvas… y qué curvas 😉 Dadme el beneficio de la duda, no los conozco. Entiéndase la ironía.

Casos así los vivimos cada día. Caemos en los prejuicios una y otra vez, constantemente. Típica situación en la que un buen amigo tuyo te presenta a un conocido y te dice “ojo con éste que es un piezas, me cae bastante mal. Es muy borde y fantasma”. Inconscientemente asocias a esa persona los calificativos que tu amigo tiene sobre ella, no asocias los tuyos porque directamente no los tienes. Analizarás todas y cada una de sus acciones y condicionarás tu opinión a causa de la idea preconcebida que tienes.

Hay que dejar los prejuicios de lado, crear nuestras propias opiniones y entonces ponerlas en consonancia con la realidad. De lo contrario podemos estar perdiendo maravillosas oportunidades en la vida. De igual forma, no hay que caer en los tópicos ni en los convencionalismos por mucho que estén en boca de todos.  Una buena forma de evitar esos prejuicios consiste en generar empatía e intentar ponerse en la situación del otro tratando de ser comprensivo. No se pierde nada y sí se puede ganar muchísimo dando esa “segunda oportunidad”.

SUTRATTOO

“El dolor es inevitable; el sufrimiento, opcional”

El otro día me tatué. Duele sí… pero sarna con gusto no pica, dicen. Son 4 frases de temática budista extraídas, en parte, de varios de los 53 sutras de Buda. Los sutras no son más que afirmaciones cuya verdad se debe encontrar mediante la reflexión. Son frases para interiorizar y tomarlas como algo propio de tu comportamiento diario.

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“Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus pensamientos”

Aquello que aparentemente puede parecer perjudicial quizás no lo sea realmente. Tú decides si quieres que algo te afecte o no. Todo está en tu mente: domínala, confía en ti y no dudes jamás de tu coraje y valor.

 “Domina tus sueños, tus deseos”

Los sueños son eso, sueños. Está bien tener ambiciones y planes de futuro siempre y cuando tengamos en cuenta que la única realidad existente y condicionante es el momento presente. Es ahí donde transcurre tu vida, no en el más allá. Es ahí donde tú controlas la situación y por lo tanto es ahí donde se encuentra tu felicidad.

 “Duda de todo y encuentra tu propia luz”

Analiza todo y no actúes siempre por un “debo”. Cuestiona siempre el por qué de las cosas y hazlas tuyas. No caigas en los convencionalismos que se te imponen, así verás las cosas desde otro punto de vista y te darás cuenta de que no todo es como creías que era. Crea tu propio camino, vive TU propia vida. A tu manera.

 “Quien despierta, lo hace para siempre”

Todo viene y va, la vida es una constante de idas y venidas. Mantente despierto y consciente en todo momento. Si logras encender ese espíritu de cambio podrás aprovechar todas las oportunidades que te brinda la vida para que ésta sea aquello que tú quieres que sea.

LA DISONANCIA COGNITIVA

“Pienso esto pero hago lo otro”

Cuando decimos “eres bipolar” o “eres incongruente” estamos diciendo que esa persona sufre de disonancia cognitiva: entre las ideas y sentimientos que tiene y los hechos reales, se queda con lo primero para evitar sentir esa incoherencia y reelabora los hechos para que quepan dentro de sus ideas previas, aunque eso suponga ofrecerte la cuadratura del círculo.

Un ejemplo típico se da en aquél que adopta una nueva postura ideológica para camuflar lo que realmente siente porque el hecho de reconocer esa incongruencia no supondría más que una tensión e inestabilidad emocional. La persona se esfuerza en generar ideas y creencias nuevas para reducir esa tensión hasta conseguir cierta coherencia entre el conjunto de sus ideas y actitudes.

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Por ejemplo, en las rupturas de pareja o desamores se suelen poner excusas y justificaciones con frases como “yo ya sabía que no iba a funcionar”, “no merecía la pena”, “todos sois iguales”, cuando por dentro se siente dolor y no se admite porque se cree que está mal visto. El problema no está en los demás, está en uno mismo. En personas con baja autoestima se  observa claramente esta conducta: son personas que se valoran poco y se mienten para esconder lo que consideran debilidades, creando una falsa coraza que esconde lo que realmente sienten. ¿Y qué sucede? Pues que los demás tratan a estas personas como éstas piensan que son, es decir, según la fachada que les muestren y en cambio en su interior se sienten incomprendidas. Cuando se conoce a esa persona en profundidad sale a flote su verdadera personalidad y queda en evidencia que todo es una simple apariencia.

¿Cuántas veces te has quedado en casa sin ir al gimnasio y luego te has excusado diciendo “por un día no pasa nada”? ¿Cuántas veces te has hartado a comida basura y luego te has dicho “por un día no pasa nada”? Es mucho más fácil cambiar una creencia antes que un hábito o hecho del pasado y es por eso que constantemente se recurre a este comportamiento. Se pueden cambiar esas creencias de muchas maneras pero manteniendo el objetivo que sería dar más valor a la opción final y restarlo a la alternativa no elegida. Es muy importante saber hasta dónde hay que recurrir a la disonancia cognitiva para no llegar al autoengaño, la crítica y la mentira.

LA AUTOESTIMA

“Eres la única persona que pasará toda la vida contigo”

Para que las cosas funcionen es fundamental quererse a uno mismo. Si nos queremos lo transmitiremos a los que nos rodean y se sentirán atraídos de manera innata, mientras que una autoestima baja nos coarta y nos impide mostrar a los demás lo mejor de nosotros. Alguien con una baja autoestima está en una batalla constante consigo mismo para tratar de agradar, se muestra insegura, inestable emocionalmente, puede que adopte un lenguaje corporal incorrecto y frente a las situaciones adversas tiende a mostrar una conducta sumisa y victimista.

El hecho de no valorarse como persona y dejar cualquier decisión a merced de los demás no acarrea más que problemas, tanto sociales como emocionales. Tener baja autoestima nos hace entrar en una vorágine de sentimientos de la que resulta muy difícil salir si no se tiene decisión y fuerza de voluntad. Si quieres, puedes. Algo tan sencillo como esto esconde un trasfondo que no podemos pasar por alto. Tú tienes la fuerza de un coloso, nada ni nadie debe interponerse en tus metas y si tu propósito es ser feliz, lo serás.

“Sufren pero no se quejan porque saben que el dolor pasa, el sudor se seca y el cansancio termina. Pero hay algo que nunca desaparecerá: la satisfacción de haberlo logrado.”

Puede que te tachen de persona egocéntrica o narcisista pero recuerda y ten presente que NO NECESITAS LA APROBACIÓN DE NADIE para ser quien tú quieras ser. También te podrán tachar de prepotente pero si no te quieres a ti mismo, ¿quién lo hará? Evidentemente que habrá personas que siempre estén ahí para apoyarte y mostrarte su afecto pero tú tienes que valorarte más que nadie. Aún así, que alguien te juzgue de tal forma no es más que un juicio de valor hacia tu persona y, como es lógico, eso para ti es intrascendente.

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Valórate a ti, valora tus cualidades y habilidades pero no valores lo que haces, de esta forma los demás se sentirán atraídos hacia tu persona y tus relaciones mejoraran con el tiempo. Por consiguiente, tú te sentirás mejor, te atreverás a descubrir un mundo más allá del que te ha sido impuesto y descubrirás que no hay nada más satisfactorio que disfrutar explorando lo desconocido, aún sin darle importancia al resultado. El mero hecho de haberlo intentado ya es todo un logro para ti. Has visto que aquello (im)posible de realizar no ha sido más que un colapso psicológico y eso te motiva aún más. Experimentar nuevas sensaciones aumenta tu autoestima y te ayuda a superar situaciones de bloqueo.

Quererse a uno mismo implica una falta de protestas y quejas sobre aquello que no tiene remedio o no hay nada que hacer. La protesta y la queja son el refugio de los que desconfían de sí mismos. Contarle a los demás las cosas que no te gustan de ti mismo contribuye a que tú sigas insatisfecho, pues lo único que ellos pueden hacer es negarlas para compadecerse y tú no les crees porque realmente piensas eso. Así como lamentarse ante los demás es un acto inútil, aceptar que los demás abusen de ti cargándote con sus problemas, tampoco ayuda.

Piensa que estar triste tras algunos palos está dentro de la más absoluta normalidad del ser humano pero este sentimiento tiene que durar lo justo. Hay que fracasar para apreciar el éxito, tiene que llover para que salga el arco iris. Creer en nosotros mismos es fundamental para salir a flote, los momentos duros son los mejores para empezar a construir la mejor versión de nosotros mismos. La confianza en uno mismo lo es todo, si crees que podrás hacerlo, lo harás. Si quieres que sea fácil, lo será. Échale huevos y al toro!!

EMOCIONES INÚTILES

“Mires atrás o adelante, estás malgastando tu vida”

Nuestra mente no ha sido entrenada para conocer el presente, al contrario, para el pasado “nunca tenemos que olvidarlo” y para el futuro “debemos pensar en el día de mañana”. La educación que recibimos desde pequeños se basa en esa premisa: educarte para el día de mañana. Volviendo al pasado nos arriesgamos a sentir desconfianza y rencor pues es allí dónde se alimentan estas actitudes y pensar en el futuro nos provoca miedo e inseguridad pues el futuro siempre es incierto. Lo único sobre lo que uno mismo tiene el control es el presente: sólo siento el momento presente, por lo tanto ahí se encuentra mi felicidad y hacia ella debo dirigirme.

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En el pasado solemos buscar comparativas negativas y si vamos hacia él debe ser sólo para mejorar el presente, nunca empeorarlo. Siempre queremos mejorar actitudes del pasado pero normalmente pensamos en mejorar nuestras exigencias, ego, envidia u orgullo, nunca pensamos en mejorar nuestra comprensión o aceptación. El pasado nos puede ayudar siempre y cuando lo usemos para valorar más el presente.

Constantemente pensamos a largo plazo aún sabiendo que muchas situaciones no dependen de nosotros. Una cosa es organizar o planificar y otra muy diferente es hacer que tu felicidad dependa de la realización de lo organizado o planificado. Ahí se produce un problema de apego.

El pasado y la culpabilidad

Sintiéndote culpable no haces más que despilfarrar el momento presente al estar inmovilizado por un comportamiento del pasado. Puedes considerar la culpa como una reacción a las normas que te fueron impuestas de pequeño y que aún estás tratando de complacer, o como resultado de tus esfuerzos por vivir a la altura de unas normas autoimpuestas que realmente no te convencen. En ambos casos, se trata de un comportamiento estúpido y lo que es más importante, inútil. Puedes seguir lamentándote hasta el fin de tus días, pensando en lo malo que has sido y lo culpable que te sientes que ni el más grande sentimiento de culpa podrá cambiar el pasado. Es bien sabido que el ser humano comete errores pero éstos se deben mirar como algo positivo para enmendarlos y aprender con la meta de mejorar la vida. El problema está en recordar esos errores para recriminarse y autocastigarse emocionalmente.

El que se siente culpable debe enfrentar sus sentimientos con valentía y luchar contra todos los temores, apartarlos y seguir su camino hacia una vida feliz. El valiente se perdona asimismo y no se recrimina nada contra su persona. Se habla así mismo y se dice “vale, hice lo que creí más oportuno y me salió mal, no ocurrirá de nuevo, ahora no sirve de nada lamentarse”. El cobarde se centra en sus temores y se deja llevar por los sentimientos de culpabilidad de los cuales no se puede liberar. Retar el temor es una muestra de valentía y de una madurez emocional asombrosa. El sentimiento de culpabilidad acarrea problemas emocionales y crece sin medida si no se controla a tiempo. La persona se alimenta de pensamientos negativos y termina asumiendo toda la culpabilidad aún sin tenerla.

El futuro y la preocupación

La preocupación es endémica en nuestra cultura. Casi todo el mundo pierde una increíble cantidad de tiempo (y vida) preocupándose por el futuro y no sirve para nada. Ni un solo momento de preocupación logrará mejorar las cosas. Peor aún, es muy posible que anule tu eficacia en el presente. La preocupación te mantiene inmovilizado por algo que está en el futuro y que a menudo es algo sobre lo que no tienes ningún tipo de control.

John Lennon dijo “la vida es lo que pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”. Hagas lo que hagas, mires dónde mires, el resultado es el mismo. Te estás perdiendo tu vida.

Empieza a valorar tu presente como un tiempo para vivir en vez de obsesionarte por el futuro. Cuando estés angustiado, pregúntate a ti mismo: “¿de qué me estoy evadiendo al preocuparme?”. Entonces empieza a atacar lo que estás evitando porque el mejor antídoto para la preocupación es la acción.