CAMBIA EL ENFOQUE

Las personas siempre hemos querido encontrar el significado de las cosas y no les damos importancia hasta que las relacionamos con el resto de nuestra vida y analizamos sus posibles consecuencias. El significado que le damos a las cosas viene determinado por nuestra cultura y educación individual.

“No hay nada bueno o malo, es nuestro pensamiento el que lo hace así”

WILLIAM SHAKESPEARE

Un claro ejemplo lo encontramos en los fenómenos astronómicos. En las antiguas civilizaciones, los cometas eran portadores de grandes cambios y las relaciones entre las estrellas y los planetas influían en los destinos individuales. Hoy en día, en cambio, la ciencia no se toma a los astros de forma personal y confirma que el universo todavía obedece a unas leyes inventadas por la propia humanidad.

Un mismo acontecimiento puede significar diferentes cosas en función del marco o contexto en el que lo situemos. Por ejemplo, la misma tormenta puede ser beneficiosa para sofocar un incendio y a la vez puede ser desastrosa si te encuentras navegando mar abierto. Puede ser buena si se atraviesa una época de sequía o mala si has organizado una fiesta al aire libre. Cuando cambiamos el marco, también cambiamos el significado y tener esta habilidad de reubicar actos nos da una mayor libertad y mayores opciones.

Los inventores encuadran constantemente. Existe el ejemplo del hombre que se despierta una noche por el pinchazo de un muelle de su colchón viejo. Encuadró el muelle como una huevera de diseño y más tarde inició un negocio a partir de esa idea.

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Una misma situación podemos afrontarla manteniendo diferentes puntos de vista:

“Mi trabajo va mal y me siento deprimido”

  • Generaliza: Puedes sentirte deprimido con todo y que realmente el trabajo vaya bien.
  • Aplícatelo a ti mismo/a: Puede que te sientas deprimido por pensar que el trabajo va mal.
  • Cambia de meta: Quizá necesitas un cambio de trabajo.
  • Analiza: ¿Qué partes de tu trabajo van mal?
  • Sintetiza: ¿Cómo van las cosas en general?
  • Contraejemplo: ¿Tu trabajo ha ido mal en algún momento sin que te sintieras deprimido?
  • Encuadre temporal: Es una fase, pasará.
  • Intención positiva: Esto significa que te preocupas por tu trabajo.

Hacer este tipo de reencuadres no significa ver el mundo de color de rosa para que todo parezca bueno. Los problemas no desaparecen por sí mismos, tienen que ser afrontados, pero cuantas más formas de verlos tengamos, más fáciles serán de resolver.

Nosotros no decidimos aquello que queda fuera de nuestro control de manera que buscar este reencuadre puede ayudarnos a tener más espacio para afrontar este tipo de situaciones.

 

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GALLETAS DE LA SUERTE

Este fin de semana quedé para cenar con un par de amigos. Nos apetecía chino así que tiramos de Just Eat y pedimos triple ración de tallarines con alguna que otra guarrería más. Junto con el pedido vinieron de regalo un par de galletas de esas que llevan en su interior un papelito con una frase escrita. Una de ellas me pareció interesante.

“Nunca cortes lo que puedas desatar”

Parece algo obvio pero creo que en muchas situaciones se hace justamente lo contrario; cortar en lugar de desatar. Ignorar en lugar de cuestionar.

Si afrontamos una situación incómoda o problemática como si de un nudo se tratara, podemos hacer tres cosas: cortarlo, desatarlo o dejarlo igual.

Es evidente que dejarlo igual no aportará nada positivo a menos que queramos tomarnos un tiempo para reflexionar y pensar qué hacer con él.

Cortarlo podría verse como la opción fácil, la que menos esfuerzo implica… y eso cada vez está más a la orden del día. Optando por la vía directa nos liberamos de aquello que nos aflige y actuar así tiene su lógica dada nuestra constante búsqueda hacia un idílico bienestar permanente. Lo que ocurre cuando cortamos ese nudo es que no nos damos tiempo para analizarlo de manera que probablemente nos lo encontremos de nuevo en un futuro.

Hay que tratar de entender y analizar las situaciones para luego centrar la atención en el foco de las mismas. Si las cortamos por lo sano no sabremos por qué se producen y lo que es peor, no sabremos como afrontarlas cuando se nos vuelvan a presentar.

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Seguro que en más de una ocasión te has encontrado situaciones en las que has recibido consejos típicos como el “no te preocupes, el tiempo lo cura todo”. Esto no hace más que demostrar la pasividad con la que solemos afrontar las cosas. Si tomamos ese consejo como referente nos convertiremos en alguien conformista al que ya le están bien las cosas porque la vida simplemente lo ha querido así.

El tiempo lo único que hace es avanzar de forma implacable, nada más. Los únicos responsables de nuestras emociones somos nosotros mismos. De lo contrario no se explica que una misma situación no produzca las mismas sensaciones a todo el mundo. Es por eso que si queremos trabajar determinados aspectos de nuestra personalidad deberemos empezar a cuestionarnos las cosas.

Somos seres sociales y es lógico que parte de estas situaciones incómodas tengan que ver directamente con terceras personas y su comportamiento. En muchas ocasiones pensamos que no somos nadie para pedir explicaciones pero lo que también es cierto es que no hay nada de malo en preguntar, lo único que estamos tratando de hacer es entender una situación concreta.

Seguro que también has escuchado alguna vez aquello de “la gente no cambia”. No puedo estar más disconforme con esta afirmación. La personalidad se puede trabajar, es un proceso lento que requiere días, semanas, meses y/o años… pero no es un imposible. Creemos que los objetivos a largo plazo son los más difíciles de conseguir porque a su vez son los más difíciles de visualizar. Damos por sentadas muchas emociones simplemente porque creemos que eso nos tiene que afectar de esa forma y no de otra.

Recorrer toda la cuerda a través del nudo nos permitirá ver donde está el origen de nuestra preocupación de manera que podremos empezar a encontrar la mejor versión de nosotros mismos.

ACUÉRDATE DE VIVIR

“Sal ahí y disfruta”

No existe nada tan innato e intrínseco y que en ocasiones llegue a resultar tan insólito como el mero hecho de vivir. El adoctrinamiento que recibimos desde que empezamos a tener conciencia nos condiciona para el resto de nuestra vida y es algo que nos acompaña tanto para bien como para mal hasta el fin de nuestros días. Siempre nos han dicho que debemos labrarnos un buen futuro… que para ser alguien importante en la vida hay que ser ambicioso… que para lograr nuestras metas hay que luchar hasta dejarnos la piel… que si algo no nos supone un sacrificio no merece la pena… y así hasta un sinfín de ideas parecidas que seguro te vienen a la cabeza.

Y todo esto se nos enseña con una sola finalidad y no es otra que la de obtener un resultado a cambio. Durante nuestros primeros años de vida somos una curiosidad andante y no hacemos más que preguntar, tocar, oler y observar las cosas con tal de conocerlas. Nos da igual todo lo demás, no nos importa. Sólo queremos satisfacer nuestro afán por conocer aquello que nos rodea y hacemos las cosas simplemente por puro placer pensando más en lo que nos transmiten que en la actividad en sí.

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El cambio se produce al cabo de unos años cuando empezamos a ir al colegio y nos enseñan a estudiar para aprobar exámenes en lugar de obtener conocimientos: priman más los resultados que las habilidades. Y aquí es donde empezamos a escuchar todas esas frases que desde nuestra pequeña gran ignorancia creemos que debemos aplicar ad infinitum. Y parece que todo vale con tal de conseguirlo. Incluso dejar de vivir.

Creemos que la vida se rige por un patrón el cual hay que seguir a raja tabla y pensamos que desviarnos de esa ruta no hará más que darnos problemas. Pensamos que lo correcto y normal es tener un empleo de 8 o más horas diarias, tener un buen sueldo, comprar una casa, tener pareja y formar una familia, estar todo el día ocupado sin tener tiempo para uno mismo, llegar a casa exhausto sin tener ganas de nada, etc. Todo esto que parece darnos un alto valor social no hace más que privarnos de algo tan increíble y único como es vivir y compartir.

Hemos olvidado el significado de la palabra “sentir” y hemos perdido por completo el tacto por las relaciones y los valores humanos. No importa si no ves a tus amigos durante la semana por estar muy ocupado trabajando… total, ya los verás un rato el fin de semana. No importa que seas poco humano con un desconocido… total, ya tienes tu círculo de gente y crees que eso ya está bien así. Ponemos excusas y más excusas cuando lo mejor sería tener motivos para todo sin poner excusas a nada. Deberíamos dejar de decir todas aquellas cosas que queremos hacer porque haciéndolas ya se dicen solas.

Llena tus días con te quieros, no tengas miedo de expresar lo que sientes y mucho menos de sentirlo. Coincido en algo con un conocido, Rober, al que espero encontrarme algún día en persona, y es que reprimir tus sentimientos y emociones es como morir lentamente… que si tienes que pegarte una hostia y aterrizar, que lo hagas… pero al menos siéntete orgulloso por haber conocido la sensación de volar.

Hace poco vi un anuncio en televisión que seguramente vosotr@s también habréis visto:

La inocencia del niño en la parte final del vídeo lo dice todo.

Vive ahora.

LA ATRACCIÓN ENTRE PERSONAS

Existen varios principios relacionados con la interacción y atracción entre personas. Solemos sentirnos interesados por gente semejante o cercana a nosotros y esa atracción es aún mayor cuando el sentimiento es recíproco. Hay otro principio según el cual nos sentimos atraídos cuando vivimos situaciones estresantes o de ansiedad y está relacionado con la teoría de la atribución errónea.

Este concepto conocido también como “misattribution of arousal” describe el proceso mediante el cual las personas nos equivocamos al considerar las causas de determinadas emociones. Es decir, creemos que las emociones están causadas por un hecho, situación, persona, etc. cuando el causante real es otro bien distinto. El concepto fue introducido gracias al siguiente experimento social realizado por Donald Dutton y Arthur Aron.

Se utilizaron dos puentes: el primero era seguro, corto y estable; el segundo era de madera, tenía 130m de longitud, era inestable y cruzaba el cañón de Capilano. Los participantes cruzaban ambos puentes y en medio de éste se cruzaban con una “entrevistadora” que formaba parte del test. La chica les decía que estaban realizando un estudio y les hacía responder un test de apercepción temática. Al finalizar el cuestionario, la chica les ofrecía la posibilidad de contactar con ella para hablar sobre el estudio y para ello les daba su número de teléfono personal.

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El resultado fue que gran parte de los hombres que cruzaron el puente inestable acabaron llamando a la chica describiendo la prueba con muchos términos emocionales y con claras connotaciones románticas/sexuales. Los hombres que cruzaron el puente estable a penas llamaron a la chica. Más tarde se obtuvieron los mismos resultados con las chicas.

Inconscientemente el ser humano relaciona sus emociones a determinadas personas y/o situaciones y esto tiene un gran sentido evolutivo ya que siempre tratamos de juntarnos con gente con la que pasamos buenos momentos y nos hacen sentir bien. Lo que sucedió en el experimento es que los hombres relacionaron la chica con su chute de adrenalina en lugar de asociarlo al puente. El cuerpo engañó a la mente provocando sensaciones que no se hubieran dado en otras circunstancias.

EL APEGO

“La felicidad está en la ausencia de apego”

Nada es para siempre y todo está en constante cambio así que es absurdo aferrarse a algo que antes o después no existirá. Desde ese punto de vista, el deseo de retener a una persona, cosa o situación es irracional y está condenado al fracaso, a la insatisfacción y al dolor.

Es muy común sentir una vinculación compulsiva hacia algo o alguien originada simplemente por la creencia de que no podemos ser felices sin eso: tú mismo te estás diciendo “no puedo ser feliz si no tengo eso… no puedo ser feliz si no estoy con alguien y menos si estoy solo”. Métete en la cabeza que SIEMPRE lo has tenido todo para ser feliz. Todas aquellas cosas por las que sientes apego no son más que el origen de tu angustia.

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Uno de los casos más corrientes de apego es el de no tener pareja sentimental. Supongamos que llevas siglos sin tener pareja o incluso que nunca has tenido aún queriendo tenerla. Te comerás la cabeza y dirás que todo es inútil, que la vida no te sonríe y te da la espalda, etc. Te han educado para pensar así y dirás que no eres feliz. Supongamos ahora que finalmente encuentras pareja. Posiblemente tendrás un momento (temporada) de euforia y bienestar pero rápidamente sentirás preocupación y temor a que esa persona que consideras tan vital para ti te rechace y se acabe marchando de tu vida. Para evitar esto hay que renunciar a los apegos. No es más feliz quien más tiene sino quien menos desea.

El origen de ese sentimiento, en este caso y en muchos otros, proviene de una idea que se nos ha metido con calzador desde bien pequeños con frases como “para ser feliz y tener éxito en la vida debes encontrar pareja, casarte, formar una familia, comprar una casa y todas esas cosas tan hipotéticamente necesarias. Si no tienes eso estás condenado al fracaso”. Párate a pensar en toda la gente que vive sin tener aquello que tú crees que te da felicidad.

Tu felicidad sólo depende de ti, métete esto en la cabeza. Disfruta del día a día y entiende que en todo momento presente existe la felicidad porque TÚ estás en él y en el presente siempre podrás ser feliz te acompañe esto o te acompañe lo otro. Si consigues ver esto podrás ir pasando de un momento a otro sin tener cargos emocionales del pasado.

EXPLORA LO DESCONOCIDO

“La experiencia más bella que puedo tener es el misterio”

“Tenía un paciente de veintidós años llamado Henry al que le ofrecieron un trabajo en otro estado. La idea del cambio le aterrorizó. ¿Podría arreglárselas en Georgia? ¿Dónde viviría? Y ¿qué pasaría con sus padres y sus amigos? El miedo a lo desconocido inmovilizó literalmente a Henry y rechazó lo que podía haber sido una buena oportunidad de progresar haciendo un trabajo nuevo y estimulante y de vivir en un sitio nuevo, para quedarse donde estaba. Sintió que la rigidez con que se sujetaba al plan de vida que se había hecho estaba anulando su crecimiento; sin embargo tenía miedo de romper con lo cotidiano y probar algo nuevo.

Henry empezó a tratar de vivir con un poco de espontaneidad. Se dio cuenta de que sus planes eran formas de manipular a los demás y que le servían además para evitar la tentación de correr riesgos con lo desconocido. Al cabo de varios meses, Henry llegó a postularse para un cargo en una empresa que requería que viajase con frecuencia. Lo que él había temido se convirtió en algo apetecible y logró hacerle frente positivamente a una parte al menos de su pensamiento neurótico que fomentaba su antigua forma de existencia completamente planificada.

GOZA DE LA VIDA EN VEZ DE VIVIRLA DE FORMA RITUALIZADA

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La educación en nuestra sociedad tiende a entrenarnos desde muy temprana edad para que seamos cautelosos estimulando la prudencia y la precaución a expensas de la curiosidad; la seguridad a expensas de la aventura. Demasiada gente identifica lo desconocido con el peligro. Piensan que el propósito de la vida es ir siempre a lo seguro y saber siempre dónde van. Cuando te afrontas a cualquier situación desconocida suelen decirte “debes estar preparado” pero ¿cómo puedes prepararte para lo desconocido? Obviamente no puedes hacerlo así que evítalo y nunca acabarás pegándote un chasco.

El abrirte a nuevas experiencias implica abandonar totalmente la noción de que es mejor tolerar lo que nos es familiar que trabajar para cambiarlo porque el cambio está cargado de inseguridades. Quizás hayas adoptado la postura de que el ser (tú mismo) es frágil y que es fácil que se rompa si penetra en áreas en las que nunca ha estado antes. No te vas a desmoronar o deshacer si te encuentras con algo nuevo. De hecho tienes mejores posibilidades de evitar colapsos psicológicos si eliminas parte de la rutina cotidiana de tu vida. El aburrimiento es debilitante y malsano psicológicamente.

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Quizá también pienses que siempre tienes que tener una razón para hacer algo; si no, ¿qué sentido tiene hacerlo? Puedes hacer cualquier cosa simplemente porque quieres hacerla y por ningún otro motivo. No necesitas tener un motivo o una razón para hacer lo que quieras hacer. El buscar motivos para todo es el tipo de pensamiento que te aleja de las experiencias nuevas y estimulantes.

Cuando eras niño, podías jugar con un saltamontes una hora entera sin más motivo que tu placer. Podías subir un cerro o hacer una excursión por el bosque. ¿Por qué? Porque querías hacerlo. Pero como eres una persona adulta sientes que tienes que tener una buena razón para hacer las cosas. Esta pasión por las razones evita que te abras y que crezcas. Qué libertad da el saber que no tienes que justificarte ante nadie, ni ante ti mismo, nunca más.

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Cada vez que te des cuenta de que estás evitando lo desconocido, dirígete a ti mismo la siguiente pregunta: “¿Qué es lo peor que me puede pasar?”. Verás probablemente que el miedo a lo desconocido es completamente desproporcionado con la realidad de las consecuencias. Recuerda que el miedo al fracaso es a menudo el miedo al ridículo o a la desaprobación de los demás o de alguien en particular. Si dejas que ellos tengan sus propias opiniones, que nada tienen que ver contigo, podrás empezar a valorar tu comportamiento en tus propios términos en vez de apoyarte en los de los demás. Empezarás a considerar que tus capacidades no son ni mejores ni peores, sino simplemente diferentes a las de los demás.

Todo depende de ti. Tu zona errónea de miedo a lo desconocido está esperando ser reemplazada por nuevas actividades estimulantes y llenas de interés que aportarán placer a tu vida. No tienes que saber hacia dónde vas; lo importante es estar en el camino.”

Tus zonas erróneas – Wayne W.Dyer

EL EFECTO PIGMALIÓN

“Las altas expectativas son la clave para alcanzarlo todo”

Seguramente te habrán dicho más de una vez que crearse expectativas sobre algo puede ser contraproducente y que el batacazo en caso de no alcanzar esa meta puede ser de órdago. Constantemente recibimos mensajes con los que se nos quiere dar a entender que la desilusión no es más que la distancia entre nuestras expectativas y la realidad. No interesa que tengamos ambiciones, interesa que tengamos miedo y con ello ser más manejables.expectativas

Las probabilidades de alcanzar una meta con éxito son directamente proporcionales a las expectativas que creamos sobre ella. De mucho te sonará el típico “si eres positivo todo saldrá bien”. Con ese pensamiento inconscientemente adaptas tu comportamiento para que esa meta se acabe convirtiendo en realidad. Podría entenderse también como el efecto de una profecía autocumplida.

El efecto Pigmalión está muy relacionado con ello. Este concepto se introdujo gracias a un estudio realizado con profesores y alumnos. A varios profesores se les comunicó que determinados alumnos tenían un coeficiente intelectual mayor que el del resto pero la realidad era bien distinta: esos alumnos fueron elegidos al azar sin tener en cuenta ningún tipo de evaluación previa. Los profesores crearon mayores expectativas sobre esos alumnos en concreto y los resultados del estudio revelaron que acabaron ejerciendo un mayor crecimiento intelectual que los demás.

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Tener buenas expectativas ayuda a alcanzar nuestros objetivos. De nada sirve decirse “no lo haré bien, siempre se me ha dado mal hacer estas cosas” “la exposición me saldrá mal, me pongo muy nervioso”. Efectivamente, ese pensamiento es el anticipo de lo que realmente ocurrirá. Trata de convertir esas creencias limitadoras en creencias potenciales porque muchas veces no eres consciente de que el único impedimento lo estás poniendo tú.

Un bebé se cae, se levanta, vuelve a caerse y así ad infinitum hasta que logra mantenerse en pie. Puede rendirse pero no lo hace y lo sigue intentando hasta conseguirlo. Cierto es que no sabía andar pero también es cierto que no formó una creencia limitadora. Deshazte de todas tus inseguridades y trata de convertir en temporales aquellas ideas negativas y en permanentes todas las positivas.